La más alta de las poesías
Columna de opinión de El Mercurio, 19 de agosto de 2010.
Por Cristián Warnken, Consejero de Enseña Chile.
En Chile, cada cierto tiempo algo se convierte en “el tema”, y todos hablan sobre él, hasta que deja de ser “tema”. La pobreza, la salud han sido “temas”. Ahora le tocó el turno a la educación. No es malo que sociólogos, economistas, cientistas políticos, psicólogos y hasta esotéricos intenten abordarla desde distintas perspectivas. La interdisciplinariedad siempre enriquece e impide que nuestra mirada sobre las cosas envejezca. Pero de ahí a creer que con ciertas recetas sociológicas, economicistas o de gestión importadas de afuera se va a encontrar la varita mágica para salvar la educación, hay una gran distancia. Sospecho de los mesianismos y reduccionismos de cualquier laya. Me preocupa que -al igual que en otros “temas”- una élite teórica que nunca ha pisado una sala de clases y que no tiene el amor en la sangre por la pedagogía (ese amor que debe ser “eros” y “caritas” al mismo tiempo) aplique grillas de lectura e interpretación a una realidad cambiante, multiforme, diversa como es la educación en nuestro largo y frágil país.
No es lo mismo enseñar con el desierto a las espaldas, que con la lluvia incesante cayendo sobre un techo de pizarra. Hay que tomar en cuenta las variables ocultas, delicadas de la pedagogía. “La naturaleza ama ocultarse”, dijo un griego. La educación se oculta y se arranca cada vez que un voluntarismo teórico y sin amor pretende asirla y domesticarla. Quienes hemos hecho más de “cuarenta horas de clases semanales”, como el profesor de un antipoema de Parra “que perdió la voz haciendo clases”, sabemos que los profesores, los viejos liceos quedan, y muchas veces las reformas y teorías de moda pasan. Eso los profesores lo hemos aprendido con sudor y sangre, y a veces es verdad que nos aprovechamos del trauma, para resistir pasivamente a cualquier cambio. Pero es entendible: hay un instinto de sobrevivencia de los “de abajo” para protegerse de las súbitas iluminaciones de los de arriba.
A veces, la verdad ha sido enseñar contenidos; otras, promover competencias; después, el foco es la gestión. Y siempre hay un gurú nuevo que trae una nueva piedra filosofal. En muchos informes técnicos que he leído y seminarios a que he asistido, siento que faltan la mirada y la voz de los que están con nuestros niños en la sala de clases, llueva, tiemble o truene, esos artistas u orfebres anónimos de almas que son los profesores. Escucho poco hablar -cuando la educación es el “tema”- de entusiasmo, de amor al conocimiento. ¡Qué diferencia con Gabriela Mistral, que definía a la educación como “la más alta de las poesías”!
Es que muchas veces se está hablando sobre educación y no desde ella, con ella. “Sólo se conoce lo que se ama”, dijo una vez Goethe. En educación, eso es un imperativo para cualquier reflexión o reforma. Hay que amar con desesperación y alegría al mismo tiempo la educación, para que no se convierta sólo en un objeto más para las chácharas de alturas en boga (la expresión es del gran profesor y humanista George Steiner).
Los ingenieros en transporte, que nunca habían tomado una micro amarilla en sus vidas, produjeron ese engendro que es el Transantiago. Por eso, los expertos deben bajar de sus olimpos y pasearse por los patios de los liceos de provincia y tomarse un cafecito en la sala de profesores con los maestros en Chiloé. En Chiloé, a los profesores todavía se los llama “maestros”. Y tienen color, olor, textura de maestros. Yo aprendí conversando con una profesora en Tocopilla lo que era una biblioteca con alma. Y un profesor de un liceo oscuro de Santiago poniente me enseñó su secreto de cocinería para apasionar a sus alumnos con la geometría. Y aprendo mucho cada vez que pongo oído a una voz a veces gastada, pero viva.
Los grandes profesores hablan con sus silencios y con sus ojos, y no podremos mejorar la educación si no incorporamos sus miradas y sus voces al coro diverso de la “más alta de las poesías”.
Esta columna la puedes encontrar publicada aquí.
Contacto
Preguntas frecuentes
Transparencia


Metro Universidad de Chile - Teléfono: +562 3839328
Estimado Cristián
No puedo estar más de acuerdo con que en el ámbito de educación no hay recetas mágicas, ni de sociólogos, ni de psicólogos, ni de economistas, en fin…definitivamente no hay recetas mágicas, porque para que una escuela pueda entregar aprendizajes de calidad, independiente del punto del país en que se encuentre, es necesario que tanto los profesores, que son quienes están en sala, codo a codo con los estudiantes, día a día, así como los teóricos
así como también, los expertos desde las alturas, es necesario que se realice un trabajo en equipo, considerando la tan manoseada fórmula mágica de la mezcla perfecta entre práxis y teoría. Los profesores son personas muy poco valoradas socialmente, que los maestros, docentes, profesores, educadores, formadores, están autoconvensidos de eso. Es en este punto, donde creo que la formación docente debería apuntar a empoderar el rol del profesor, para que realmente sienta que es experto en su materia, en su rol de formador, tanto de contenidos curriculares, como formador no sólo de personas, sino que como formadores de la sociedad que soñamos. Por último, espero que todos quienes trabajamos en el ámbito de la educación, nos empapemos con su espíritu poético, que tanta esperanza devuelve al alma, para continuar mejorando la calidad de la educación, uno de los medios más potentes para vencer las grandes diferencias sociales que existen no solo en Chile, sino que en todo Latinoamérica y el resto del mundo.
Saludos Cordiales
Don Cristián Warnken.
Concuerdo con usted plenamente en que no existen las formulas mágicas para solucionar los déficit educacionales actuales, sin considerar gestores directos en esta difícil tarea de educar, como somos los profesores.
Desde mi humilde experiencia como profesora de educación diferencial, me siento tan identificada con su expresión,“ hay un instinto de sobrevivencia de los de abajo, para protegerse de las súbitas iluminaciones de los de arriba”.
La integración de niños con discapacidades a la enseñanza general básica, en Chile, fue copia fiel de la reforma educacional española.Justo en el momento en que el Ministerio Educacional español realizaba una evaluación de este proceso ( años 97-98 )y concluía que en la generalidad , había resultado un fracaso pero, había que mantener la integración educacional porque existía una minoría y casos muy especiales, en los cuales estos educandos con discapacidades se habían beneficiado, aunque eran los menos, lo que indicaba que la integración permanente de niños y jóvenes con discapacidades no era la panacea para todos. Aquí en Chile aún no se logra la integración de todos los niños y jóvenes sin discapacidades, por lógica, difícil es creer que la mayoría de niños y jóvenes con discapacidades lo logren, no porque ellos no puedan, sino porque las condiciones educacionales y sociales no están dadas aún. La integración no se logra con un Decreto, se logra paso a paso con amor, altura de miras, amplitud de criterio, comprensión, honestidad, proyecto educacional optimo, recursos económicos, participación y conocimiento.
Creo que la reforma educacional en general debiera estar centrada en renovación de contenidos, nuevas metodologías de enseñanza, más recursos económicos y por ende menos alumnos por aula para una enseñanza más personalizada, equipos multidisciplinarios para intervenir familias con niños y jóvenes vulnerables , por otra parte , supervisión y exigencias del departamento técnico pedagógico del Ministerio de Educación para las universidades e institutos que imparten pedagogías, y sobre todo, definir rque sociedad queremos y necesitamos, por mencionar algunos de los aspectos a reformar en la educación.
Es el sueño y la ilusión de muchos de nosotros, los profesores el poder llegar a nuestros niños y jóvenes ,observarlos felices, seguros de sí mismos, capaces y hábiles para desenvolverse en el diario vivir y crecer junto a ellos en “ la más alta de las poesías”.